Paseandome por un blog que me pasaron me encontre este cuento. Que me gusto mucho. El original es en ingles, esta es una traduccion hecha por el duenio del blog.
El hombre en Bogot?
La policía y los servicios de emergencia no logran el m?s mínimo impacto. La voz suplicante del c?nyuge no tiene el efecto deseado. La mujer se mantiene parada al filo del abismo. Aunque no por mucho tiempo, amenaza.
Tengo la ocurrencia de que soy yo quien debe convencerla de bajar. Lo veo, y sucede así. Le cuento a la mujer la historia de un hombre en Bogot?. Era un hombre acaudalado, un industrial a quien secuestraron para luego cobrar un rescate. No fue como lo retratan en las series de televisi?n: su esposa no pudo simplemente llamar al banco y, al cabo de veinticuatro horas, tener listo el mill?n de d?lares. Tard? meses. El hombre tenía una afecci?n cardiaca, y los secuestradores tuvieron que mantenerlo vivo.
Escúchame, le digo a la mujer que est? parada al filo del abismo. Sus captores le hicieron dejar de fumar. Cambiaron su dieta y lo pusieron a hacer ejercicio todos los días. Y lo mantuvieron así durante tres meses.
Una vez pagado el rescate y tras ser liberado, su doctor lo examin?. Encontr? al hombre en excelentes condiciones de salud. Le repito a la mujer lo que el doctor dijo en ese momento. Que el secuestro fue la mejor cosa que le pudo haber ocurrido al hombre.
* * *
Tal vez ?sta no sea una de esas historias hechas para que te arrepientas de saltar. Pero la cuento con la esperanza de que la mujer que est? al filo del abismo se plantee una pregunta, la misma que se plante? el hombre en Bogot?. Que c?mo sabemos que lo que nos pasa no es bueno.
El hombre en Bogot?
por Amy Hempel
La policía y los servicios de emergencia no logran el m?s mínimo impacto. La voz suplicante del c?nyuge no tiene el efecto deseado. La mujer se mantiene parada al filo del abismo. Aunque no por mucho tiempo, amenaza.
Tengo la ocurrencia de que soy yo quien debe convencerla de bajar. Lo veo, y sucede así. Le cuento a la mujer la historia de un hombre en Bogot?. Era un hombre acaudalado, un industrial a quien secuestraron para luego cobrar un rescate. No fue como lo retratan en las series de televisi?n: su esposa no pudo simplemente llamar al banco y, al cabo de veinticuatro horas, tener listo el mill?n de d?lares. Tard? meses. El hombre tenía una afecci?n cardiaca, y los secuestradores tuvieron que mantenerlo vivo.
Escúchame, le digo a la mujer que est? parada al filo del abismo. Sus captores le hicieron dejar de fumar. Cambiaron su dieta y lo pusieron a hacer ejercicio todos los días. Y lo mantuvieron así durante tres meses.
Una vez pagado el rescate y tras ser liberado, su doctor lo examin?. Encontr? al hombre en excelentes condiciones de salud. Le repito a la mujer lo que el doctor dijo en ese momento. Que el secuestro fue la mejor cosa que le pudo haber ocurrido al hombre.
* * *
Tal vez ?sta no sea una de esas historias hechas para que te arrepientas de saltar. Pero la cuento con la esperanza de que la mujer que est? al filo del abismo se plantee una pregunta, la misma que se plante? el hombre en Bogot?. Que c?mo sabemos que lo que nos pasa no es bueno.

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